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Muchachas (1909)

Georges Henri Rouault (París, 27/05/1871 – París, 13/02/1958) fue un pintor por muchos calificado de expresionista , a pesar de sus claras diferencias para con el movimiento, aceptándolo como una especie de «excepción que confirma la regla» [1] . Su infancia pobre y su trabajo como aprendiz de un pintor de vidrio policromado son datos que pueden llevar a conclusiones curiosas y no menos interesantes, como el porqué del aspecto de vidriera en algunos de sus famosos cuadros, pero eso es materia de otra clase de análisis. [2] No obstante, un lugar recomendable donde comenzar una investigación personal sobre la vida de este artista sería la página web de la Fondation Georges Rouault , escrita en francés, en la que se introduce a cualquier usuario tanto a la biografía como a las obras del autor, las cuales se dividen convenientemente en cuatro categorías: le cirque , le Christ , les nus et paysages . Como ya se ha mencionado, a Rouault se lo adscribe habitualmente al expresionismo,...

Ahora sé alemán, pero eso no tiene nada que ver con esta historia.

José tenía un libro, un libro que le resultaba muy agradable. No era en absoluto difícil, salvando quizá un par de páginas en las que se manejaban términos inaccesibles sin el apoyo de un diccionario. El libro se titulaba “Catálogo de ensaladeras Vol. III”. José lo encontró un día mientras revolvía el desván de su casa. Nadie, ni siquiera José, supo nunca qué había sido de los otros dos volúmenes. Lo único relevante era que José tenía uno y era el tercero de una indeterminada lista. A veces la sombra de la duda oscurecía su rostro. Se preguntaba si, tal vez, solo tal vez, al abrir aquel viejo volumen, apalizado por pequeñas células de polillas disidentes, estaría ultrajando la memoria de sus queridas ensaladeras al no conocer a sus madres ni abuelas, las ensaladeras antepasadas. En infinidad de ocasiones se había preguntado cómo serían aquellos volúmenes perdidos y, al hacerlo, en su cabeza adquirían misteriosas siluetas ovaladas, atractivas, prohibidas, y cuando esto ocurría, se lle...

El caballero de la indomable voluntad de acero de la hostia.

Era de día en la aburrida ciudad de 'Jose Luís'. "Sí, sé lo que estáis pensando, ¿cómo puede llamarse una ciudad 'Jose Luís'? Digamos que la imaginación es algo pendiente en la lista de deseos públicos de la ciudad." El caso es que, a pesar de lo que sugieren incontables novelas de aventuras sobre días diferentes y experiencias inolvidables, era un día extremadamente anodino y nada diferente del resto. ¡Excepto por una cosa! 'El caballero de la indomable voluntad de acero de la hostia' se encontró a sí mismo con una nota con instrucciones en la mano derecha, mientras que, en la izquierda, se encontraba una cadena sujeta al cuello de la más temible y encantadora bestia jamás conocida, capaz de cautivar a todo ser humano que se le acercase con un solo movimiento. La nota rezaba así: "Poderoso caballero de la indomable voluntad de acero de la hostia, una vez más vuestros servicios son requeridos por mi persona, la Suma Inquisidora de todas las...

Muchas de las estrellas que ves en el cielo por la noche están muertas.

Era un día soleado, sí sí, muy soleado desde luego. El sol no podía brillar más, por eso era soleado y no nublado. Soleado y nada más. Un barco pululaba por las furiosas aguas de un océano perdido como alma que lleva el diablo. Las embravecidas olas del antagónico océano golpeteaban contra la base del barco esperando romperlo, esperando dañarlo. Sin embargo su estructura estaba compuesta de poderosa madera de calidad media adsequible en cualquier supermercado más o menos bien equipado. La madera resistía con todas sus fuerzas los infernales envites del océano y el mismo no cesaba de atacar esperando dañar la estructura del barco. Un combate entre dos titanes que se odiaban mutuamente. Dos fuerzas que estaban destinadas a luchar eternamente, por los siglos de los siglos o hasta que aquel barco fuera destrozado y convertido en una veintena de urinarios portátiles. En la cubierta el capitán miraba hacia el horizonte, al menos hacia uno de ellos, y bramaba con alegría -Tierra a la vista, a...

Ferserker, la leyenda.

Nacido en las entrañas más profundas de lo que hoy se conoce como Venus, Ferserker se forjó a si mismo entre el magma y el metal como un ser perfecto, sin defectos e invencible. Finalmente se hartó de alimentarse de piedra fundida en el centro de Venus, pues la piedra fundida era demasiado blanda para sus dientes de titanio. Excavó a cabezazos un tunel hacia la superficie de Venus y descrubrió la soledad que le envolvía. El espacio era inmenso, mucho más que sus puños de guerrero del metal y al tiempo era hermoso, hermoso como sus... Puños del metal. Se bañó en sus lluvias de ácido sulfúrico y escribió su nombre en la nieve metálica con su orina. ORINA DEL METAL. Pero Venus estaba vacío, desolado y sus condiciones climáticas eran claramente desfavorables a la hora de prosperar en la agricultura, de modo que Ferserker decidió viajar hasta un planeta azul conocido como "Tierra" donde todo era verde y hermoso. Sin embargo había algo mal en aquel planeta, pues los seres vivos...

Mi perra está muy gorda.

Expresión vacía, ausencia de hablar de esbelta figura y bello costillar. Labios rojizos, esencia de alcohol, dientes amarillos cual rayo de sol. Deprisa lo hacen, mis latidos cantan sentada en la acera sus ojos danzan. Brazos pinchados, jeringas vacías ¿Será su amor el que me de vida? Rosas le ofrezco, rechazado soy. Cabizbajo y desgraciado me voy. Pienso despacio, mi amor verdadero. Me acerco a ella y le ofrezco dinero. Ella acepta, felices estamos y detrás de un coche el amor consumamos. Día siguiente, al médico acudo sintiendo yo un dolor muy agudo. Lo observa, me mira y asiente. Al fin me dice de que soy doliente. Sífilis afirma, maldigo mi suerte Será el amor quien me de muerte.

Dos almas puras descienden al descanso de los dioses y se convierten en una sola, tan fatalmente honesta como incomparablemente banal, careciendo tanto de importancia estas palabras que duelen

Tonto el que lo lea.