El caballero de la indomable voluntad de acero de la hostia.

Era de día en la aburrida ciudad de 'Jose Luís'. "Sí, sé lo que estáis pensando, ¿cómo puede llamarse una ciudad 'Jose Luís'? Digamos que la imaginación es algo pendiente en la lista de deseos públicos de la ciudad." El caso es que, a pesar de lo que sugieren incontables novelas de aventuras sobre días diferentes y experiencias inolvidables, era un día extremadamente anodino y nada diferente del resto.

¡Excepto por una cosa!

'El caballero de la indomable voluntad de acero de la hostia' se encontró a sí mismo con una nota con instrucciones en la mano derecha, mientras que, en la izquierda, se encontraba una cadena sujeta al cuello de la más temible y encantadora bestia jamás conocida, capaz de cautivar a todo ser humano que se le acercase con un solo movimiento. La nota rezaba así:

"Poderoso caballero de la indomable voluntad de acero de la hostia,
una vez más vuestros servicios son requeridos por mi persona, la Suma Inquisidora de todas las religiones conocidas. Debéis pues pasear a la bestia que está asegurada con poderosas cadenas de calidad intermedia y aseguraros de que sus más salvajes necesidades son saciadas para que nuestro hogar no sea mancillado por indeseables e inesperadas deposiciones en la alfombra. Partid de inmediato y regresad a casa antes de que el sol corone los cielos."

PD: Comprad de paso el pan.

Así era pues, ¡la llamada del deber!

Esgrimiendo entonces las cadenas que obliteraban al monstruo y le impedían acabar con la civilización conocida utilizando sus engañosos encantos, el caballero de la indomable voluntad de acero de la hostia, para abreviar, 'Él' partió hacia el horizonte, donde el sol acababa de trepar las montañas del este.

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