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Mentol Fuerte

Escribiendo esta miseria que ha de pasar por bella me pregunto qué se espera que yo diga, con franqueza, dudo estar bien equipado para señalar estrellas, para traerles mensajes de victoria o de entereza, ni siquiera, siendo honestos, creo que valga la pena: todo el mundo sabe ya que a todo el mundo se la pela. Y secuestrados vuestros ojos por tan trivial cagalera de vocablos perezosos que riman sin más en ella, yo qué sé, ya te he dicho que no sé escribir poemas.

Márià

No sé qué decirte, colega, a mi me parece guay la forma en la que te expresas. Tampoco sé escribir poemas. Un abrazo, Jorge, falta poco más de un mes. Qué bien, ¿eh?

Cometo faltas de orticultura

Por muchos calificado de poeta, pero también filólogo y gramático, leído, alemán, en broma anacoreta y aparente estoico ante lo dramático, mas se equivocan mis admiradores al valorar mi poder ortográfico, pues causan menos gracias que dolores las brutales faltas de mi escribir trágico y te cuento lo que siento como un lamento y me arrepiento de no saber en cuál de las aes Maria lleva su acento.

Mutantes

     Incluso en la obligación de existir dentro de una estructura de poder que vela por el fin de todo lo que representan, deciden armarse de valor y fundar un nuevo asentamiento. Un lugar donde ser libres. Un lugar mejor.      El espacio y las ideas dan lugar a la actividad, que a su vez llama la atención de nuevos pares de ojos curiosos. Con la suma de fuerzas y de mentes llegan nuevos proyectos, y con el tiempo crecen y se fortalecen lazos de hermandad que llegan cada vez a lugares más dispares, a otros asentamientos como el suyo.      Cada día es una declaración de intenciones. No quieren otro local de ocio, pues saben que hay potencial para mucho más entre esas cuatro paredes. Con cada actuación, con cada formación y con cada asamblea, trabajan para acercar un poco más el día de cambiar el mundo, de romper con los sistemas de opresión que durante tanto tiempo han pisado las vidas de todxs. - ¡Ah, pero no contaban con que un (1) señor pud...

No sé

El doctor asintió satisfecho con su trabajo. Había sido una tarde bastante larga. La operación resultó más compleja de lo anticipado, pero sus esfuerzos se vieron adecuadamente recompensados. El sujeto se encontraba en estado de shock. Sus conexiones neuronales se estaban restableciendo a una velocidad sobresaliente.  — Da —.  Dijo el desgraciado. Sería completamente incapaz de encontrarse la kilométrica napia que tiene aunque quisiera rascársela. El doctor le pellizcó un brazo a la abominación. La pantalla mostró unos datos muy interesantes. Su cerebro estaba reaccionando al dolor, pero no su cuerpo. Podría reventarle la rodilla a martillazos y no levantaría ni un dedo, al menos por el momento, pero sentiría un dolor inimaginable. Pero, ¿Qué más daba si se resistía? Bastaba con apagar La Máquina y la criatura se ahogaría en cuestión de segundos. No podía respirar mientras dormía.  Aun así el doctor tardó en dar el paso.  Finalmente, decidido terminar su cr...

Casa Manolo

 En el punto más alto de la más alta de las montañas se eleva una construcción que desafía a los mismos dioses. Un caótico mosaico de materiales y estilos que parece luchar contra su propia naturaleza con cada nuevo piso.  La base circular marca el inicio y el fin de cualquier atisbo de orden, pues inmediatamente por encima de ella comienzan a expandirse en todas direcciones multitud de módulos aparentemente aleatorios, formas de toda posible geometría y función que han robado a la lógica el permiso de mantenerse en pie. Se perdonaría a cualquiera por suponer que una voluntad superior a las fuerzas cósmicas más elementales vuelca sus esfuerzos en la hercúlea tarea de evitar que la estructura ceda ante su propio peso, sus formas, su diseño desquiciado y desquiciante.  Amanece sobre este escenario de pesadilla y los primeros visitantes empiezan a llegar. Casa Manolo abre sus puertas una mañana más y da la bienvenida con entusiasmo a habituales y desconocidos. Dentro se les ...

Caminaba y ya, vaya mierda de historia en verdad

Hasta entonces el silencio de los callejones solo se había visto interrumpido por llantos solitarios, pero ahora daba también paso al eco lejano de sus tacones. Grandes bocanadas de humo manchado de pintalabios barato invadían el ambiente a su alrededor, sobrevolando sus andares inestables. Las impotentes luces que salpicaban la calzada no alcanzaban a iluminar su rostro, sus facciones duras se ocultaban eficazmente bajo el velo nocturno. Pasos torpes pero decididos marcaban una ruta incierta a través de calles desconocidas. Por doquier se asomaban ojos para satisfacer una mórbida curiosidad. Se abrió una ventana, tiró dentro la colilla. Poco le importaron las protestas, que no tardaron en quedarse atrás y convertirse en un eco difuso. El aire frío se abría camino entre las fibras de su chándal Adidas y lanzaba un desafío a su férrea voluntad. Superando la prueba sin inmutarse, sacó y encendió su tercer cigarrillo.